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Message StonesHe participado en una jornada, la primera, que ha celebrado la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético para Canarias. Mi papel consistió en moderar el encuentro, hilvanar las intervenciones de los ponentes y preguntar mucho. Naturalmente, un desempeño periodístico porque yo de sistemas eléctricos no sé nada. Fue una convocatoria rica en participación. Aprendí cuál es la trascendental diferencia entre energías limpias y sucias. Y tomé conciencia de la penosa realidad que, carente de escrúpulos, se empeña en bloquear el uso alternativo, racional y sostenible de las fuentes de energía que nos brindan el sol o el viento.

He compartido unas horas de trabajo con algunos de sus integrantes en la preparación de esta mesa redonda. Les he escuchado, les he observado, y he dejado que algunas de sus ideas sacudieran mis neuronas. Son promotores de las energías renovables, entregados a su causa como si de un voluntariado se tratase, y con un generoso sentido del bien común. Movidos por un sueño. Mi amigo Abel lo llama “Renewable Dream” (sueño renovable) en su blog. Movidos por un convencimiento personal y colectivo. Y además de esto, movidos por una enorme pasión.

Reúnen, desde mi punto de vista, todo lo que necesita un sueño que merezca ser soñado. Ese tipo de sueño que rebela a los indignados, que impulsa logros personales, que inspira a Luther King, a Vicente Ferrer o a Mandela. Ese tipo de sueño que opera cambios asombrosos y te demuestra lo que es posible. Para este tipo de sueño, la persona tiene que estar muy despierta, es decir, trabajar mucho y además, estar conscientemente entusiasmada.

Conocí a un sociólogo que trabajaba para Naciones Unidas, con poblaciones indígenas americanas, haciendo una labor formidable. Fue entonces cuando descubrí la Sociología y desde aquel momento, estudiarla se convirtió en un sueño para mí. Lejos de ser una tarea fácil, mil y un inconvenientes lo complicaron una y otra vez. Muchas veces desistí, y otras tantas perseveré. Las ganas me mantenían, pero no siempre. El esfuerzo llegó a convertirse en sobresfuerzo y perdí el gusto por el reto, ¿sabes cómo te digo? En esos momentos, se sueña dormido.

Una tarde, vi en la calle a la escritora María Rosa Alonso y la detuve solo un instante, para decirle cuánto me había contagiado su tesón por estudiar. Ella no me conocía de nada. Fue amable. Y algo mejor, certera: “¿ha visto usted a los gatitos, cómo se divierten jugando cuando se les lanza una bola de lana?”. “Sí”, apenas dije, sin entender a qué venía. “¡Pues haga usted como los gatos! Trabaje en lo que trabaje, sueñe con lo que sueñe, diviértase como los gatos con la lana. La tenacidad es clave, pero no lo es todo. Disfrute de lo que hace, eso es lo que realmente importa. Trabaje como si jugara”. Caí en la cuenta, y me espabilé. No lo olvidaré. A ella, tampoco.

Sean “renovables” o no, los sueños empujan el mundo. Los sueños entendidos con una consciencia despierta, entendidos como objetivos alcanzables, adaptados a las capacidades de cada cual, buenos, saludables, provechosos. Los sueños entendidos como esa aspiración que arranca desde lo más hondo del individuo, que surge como una ocurrencia genial o una necesidad real, que se agiganta hasta convertirse en un deseo vehemente tal vez, y que se alimenta de trabajo, trabajo y trabajo. Pero que por encima de todo, se nutre de entusiasmo. Sin esto, los sueños desfallecen y se acaban roncando.

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