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file9461329485464Una de estas noches, oí a un analista deportivo comentar en la radio que la lesión que había sufrido el portero del Madrid, Iker Casillas, en el minuto uno del partido que disputaban frente al Galatasaray, no se debía a una nefasta racha de mala suerte sino a un larvado problema de confianza en sí mismo. Por decisión de su entrenador, el jugador ha dejado de ser el titular de su demarcación desde hace meses para pasar a ser suplente y, según cuentan los periodistas deportivos que están cerca de él, anda cabizbajo y ha perdido alegría. Que incluso, querría irse de España.

No sé prácticamente nada de fútbol, me refiero del juego en sí. Sin embargo, empecé a estimarlo por la cantidad de pistas que voy encontrando entre las riquezas y las miserias que lo envuelven. Por esto, y porque mi día a día va de la cálida mano de mi compañero de viaje que sabe de estas cosas del deporte.

No siempre estamos preparados para aceptar lo que viene después de los momentos de gloria. A la primera fría sensación de desconcierto le sucede la duda, y ese terreno es pantanoso y complejo de manejar. Capear con estos temporales, las frustraciones y los consiguientes juicios públicos no es fácil. Deberían enseñarnos también en la escuela herramientas para saber qué hacer con el fracaso, porque de lo poco seguro que conocemos es que la vida está hecha de cal y de arena. Infinidad de veces arrastramos la pena de haber dejado de ser titulares, y a fuerza de banquillo se extiende la desconfianza. Y así, vamos aproximándonos a la duda sobre nuestras propias posibilidades. Más de una vez, todos hemos sido Casillas y se nos resiste la salida. Que se lo digan a los periodistas en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

El jugador tendría que conocer a Hortensia. Una amiga de esas que te regala el trabajo para no dejar de aprender y una mujer poco común. Hortensia Fernández es periodista de radio, comprometida, competente y enamorada de su oficio. La admiro y la quiero. Convencida de su valía, la veo seguir creciendo sobre sus propios obstáculos. Pertenece al grupo de los periodistas que logra reinventarse y está saboreando de nuevo la titularidad. No se rinde. No claudica. No sale corriendo. Y se da la prodigiosa oportunidad de hacer valer sus talentos, que son muchos, aunque ella diga que no es para tanto. Resuelta y con la grandeza de los humildes para observar cada momento, y mirarlo, y afrontarlo. Y confiar en sí misma.

Reconocerse a uno mismo. Ese es el auténtico patrimonio y el epicentro del poder personal. Seguimos siendo los mismos, las mismas, con todas nuestras capacidades, aunque, por momentos, nos falten inspiradores de la fe. Nada supera a la propia confianza. Nada es tan rotundamente fuerte, ni enérgico, ni definitivo, como volver a creer en uno mismo.

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