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20130916_160803Dando uno de los frecuentes paseos con mi perra, he leído escrito en una pared: “Yo de mayor quería ser…”. La frase resonó en mi cabeza varias veces como un grito resignado, como un lamento de abatimiento. “Quería ser…”, pero… Me apenó, me inquietó y me indignó al mismo tiempo.

Tristeza por los sueños rotos, por las posibilidades truncadas, por las capacidades tiradas al cubo de la basura. Preocupación por los miles de españoles jóvenes y preparados a costa del esfuerzo colectivo de sus mayores, alistados por miles en un éxodo masivo a los que, ni aún así, se les garantiza nada. Indignación por la escasez de aliento, de esperanza. Por políticas educativas fabricadas sin consenso, sin compromiso de futuro. Por inconscientes dirigentes que aconsejan rédito y no vocación.

Hace años me impactó una película del director americano Gus Van Sant, El indomable Will Hunting. La cinta obtuvo dos Oscar de la Academia (aunque a mi modesto entender, hubiera merecido más). La historia comienza a desarrollarse en un prestigioso instituto en el que un profesor de matemáticas reta a los alumnos, exponiendo enrevesados problemas en el pasillo del centro que, quienes se atrevan, pueden descifrar. Durante la noche, alguien con sigilo resuelve las complejísimas ecuaciones en una enorme pizarra. El misterio se desvela cuando el profesor comprueba atónito que el autor de las soluciones matemáticas es un joven trabajador nocturno, que se ocupa de la limpieza del instituto. Un chico atrapado en un ambiente marginal y carente de oportunidades cuyo potencial despierta el interés del docente. A partir de ese momento, el deseo de los profesores que tratan de ayudarle es recuperar al joven rebelde y conflictivo, a toda costa. Rescatar su genio y ofrecerle un mundo de posibilidades.

Qué extraordinaria importancia tienen los educadores y qué papelón tienen entre sus manos. Estoy rodeada de docentes, para mi fortuna, y conozco los múltiples inconvenientes que se ven obligados a sortear en su tarea diaria. Sin obviar que algunos casos hay indolentes (yo sé de lo que estoy hablando, aunque esto lo dejaremos para otro momento), sé también de la entrega de los maestros y de las maestras. Conozco bien sus horas invertidas en mejorar, en crecer para ayudar a crecer. Conozco su tesón por descubrir talentos, vocaciones, por recuperar al Will Hunting de turno. Mi agradecimiento es tan grande con algunas de mis maestras. Docentes empeñados en despertar oportunidades que esta crisis y su gestión se encargan, sin miramientos, de dilapidar.

Ser lo que uno quiere ser de mayor, no es cualquier cosa. Es una de las llaves de la felicidad, nada menos. Procurar oportunidades, y procurarlas para todos, es una obligación moral y además, una responsabilidad histórica. A quienes corresponda.cropped-palabra.jpg

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